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CONTENIDOS DEL ARTÍCULO: Historia breve Vida y rasgos de San Francisco
Carta desde la misión Un Javier lejano, un Javier cercano
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Presentación e información complementaria: El presente artículo no pretende ser una biografía exhaustiva sobre San Francisco Javier. Se trata más bien de un acercamiento a su historia y su persona, que pretende despertar nuestro interés por su obra y el significado que tiene para los cristianos. Agradecemos la disponibilidad de "El ángel de la Web" (espacio producido por Ángel Rodríguez Vilagrán), que nos ha cedido este material para su publicación aquí. Puedes encontrar más información sobre San Francisco Javier visitando:
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San Francisco Javier llegó a la India en 1542. En diez años misionó en diversas regiones de la India de Sri-Lanka (la isla de Ceilán), Malaka, las islas Molucas, Japón, para morir a las puertas de China, en la isla de Sanchón, el tres de diciembre de 1552, a las dos de la madrugada.
En tiempos en que las comunicaciones no eran fáciles y la navegación tenía
un alto riesgo de muerte (de cada tres misioneros, sólo dos llegaban a su
destino), Javier recorrió miles de kilómetros por los mares asiáticos. Ardió
en el ansia de dar a conocer la Buena Noticia de Jesús. No son de extrañar títulos
como El oriente en llamas de una novela sobre él o El divino
Impaciente de Pemán.
La Iglesia lo canonizó en 1622, junto a San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador. Más tarde lo proclamó patrón de las Misiones, a la vez, paradójicamente, con Santa Teresita de Lisieux, la carmelita que nunca salió de su convento.
Un jesuita alemán, el P. Georg Shurhammer, misionero en la India, en su juventud enfermó gravemente. Se encomendó a San Francisco Javier, comprometiéndose a estudiar y difundir sus trabajos apostólicos si recobraba la salud. De hecho, la recobró, y dedicó toda su vida a la investigación exhaustiva de Javier y su mundo. Publicó una obra colosal, en cinco voluminosos tomos, que han servido de fuente para muchos otros historiadores. Ante la inmensidad de datos, resulta una quimera intentar resumir su vida en un par de páginas. De ahí que hayamos optado por contar algunas anécdotas que dibujan un carácter y un santo.
Nacido navarrés en el castillo de Javier en 1506, el 7 de abril, asiste en su infancia a la lucha de sus hermanos por la independencia de Navarra que el Rey Católico ha anexionado a Castilla. En el bando opuesto milita Ignacio de Loyola quien cae herido en Pamplona en 1521.
Dos años antes de su nacimiento su hermana Magdalena entra en el convento de las clarisas de Gandía. Su intercesión orante incidirá en la santidad de Javier. Allí coincidirá con diversos familiares de San Francisco de Borja. La comunión de los santos da frutos de complicidad en lo divino.
Con diecinueve años es enviado a París, donde estudia letras, filosofía y teología. Le espera una pingüe canonjía en el obispado de Pamplona.
Pero San Ignacio de Loyola llega a París en 1528 y pasa a residir en el Colegio de Santa Bárbara donde está Javier. En aquel momento, Javier es un ídolo universitario, sobresaliente en las carreras deportivas, calificaciones buenas y cantidad de amigos. Algunos de ellos escapaban de noche de la residencia para ir de prostitutas. El mismo Javier confiesa que no les seguía por miedo al mal francés (que los franceses denominan, mal español), la temida sífilis.
En este punto incide Ignacio en la vida de Javier, azuzando su conciencia:
- Javier, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?.
Por otra parte, como siempre, los estudiantes andaban cortos de dinero. Ignacio le procuraba clases particulares, alabando sus cualidades como maestro.
En 1534 siete compañeros, Fabro ya sacerdote, Laynez, Salmerón, Bobadilla, Rodríguez, Ignacio y Javier, hacen voto de pobreza y castidad y de peregrinar a Jerusalén u ofrecerse al Papa para que les envíe donde puedan ser más útiles a la Iglesia.
Ya en Roma, deciden fundar la Compañía de Jesús.
Votan a Ignacio como primer General de la Orden. Javier escribe en su papeleta:
- ...que sea prelado nuestro antiguo y verdadero padre don Ignacio, el cual, pues nos juntó a todos no con pocos trabajos, no sin ellos nos sabrá mejor conservar, gobernar y aumentar de bien en mejor...
¡Javier sabía cuánto había costado!
El Rey de Portugal pide al Papa un par de jesuitas para la India. Los designados son Rodríguez y Bobadilla, pero la antevíspera de la partida Bobadilla está en cama con fiebre.
Ignacio le pide a Javier si está dispuesto a ir. Javier corre a pedir la bendición del Papa y se pone a remendar su sotana. Entonces deja escrita una declaración de obediencia, si se aprueba la Compañía, su voto de elección del General, ya citado, y los votos de su profesión. No vaciló ni un segundo. Tampoco Ignacio, a pesar de tenerle por secretario y pensar que le debía suceder en el futuro cargo de General. Un pulso, por tanto, de generosidad. No se volverían a ver.
El 7 de abril de 1541, el día que cumplía 35 años, partía la nave de Lisboa para Goa. En la despedida, fuera de puerto, Rodríguez le preguntó una vez más por unos removidos sueños nocturnos que había tenido Javier en la casa de los fantasmas, la casa Frangipani. Le había oído gritar, "más, más".
Javier le desveló el secreto: soñaba que llevaba un indio a cuestas y, a pesar del esfuerzo, insistía a Dios, más, más. El día siguiente, en Roma, Ignacio era elegido General, y el 22 de abril hacían sus votos los compañeros en San Pablo Extramuros. Javier navegaba...
Las cartas de Javier se copiaban repetidas veces y pasaban de mano en mano entre los estudiantes.
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Témome que muchos de los que estudian en universidades estudian más para con las letras alcanzar dignidades, beneficios, obispados, que con deseo de conformarse con la necesidad que las dignidades y estados eclesiásticos requieren... Estuve casi movido de escribir a la universidad de París, a lo menos a nuestro maestro de Cornibus y al doctor Picardo, cuántos mil millares de gentiles se harían cristianos, si hubiese operarios, para que fuesen solícitos de buscar y favorecer las personas que no buscan sus propios intereses, sino los de Jesucristo. Muchas veces me acaece, continúa, tener cansados los brazos de bautizar, y no poder hablar de tantas veces decir el Credo y mandamientos en su lengua de ellos y las otras oraciones.... |
¡Llegó a bautizar 10.000 personas en un mes!
Acaba esta carta con un pensamiento atribuido a tercera persona:
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...no sé qué más escribiros sino que son tantas las consolaciones que Dios nuestro Señor comunica a los que andan entre estos gentiles, convirtiéndolos a la fe de Cristo, que, si contentamiento hay en esta vida, éste se puede decir. Muchas veces me acaece oír decir a una persona que anda entre estos cristianos: ¡Oh, Señor!, no me deis muchas consolaciones en esta vida; o ya que me las dais por vuestra bondad infinita y misericordia, llevadme a vuestra santa gloria, pues es tanta pena vivir sin veros, después que tanto os comunicáis interiormente a las criaturas. |
El mismo Javier se asustaba de lo lejos y separado que estaba de Ignacio y los suyos.
En sus cálculos, una carta de ida y vuelta a Roma, tardaba tres años y nueve meses. Leía y releía las cartas que recibía y llevaba en una bolsa las firmas recortadas de sus compañeros junto a sus votos de jesuita. A su vez, escribía a Ignacio de rodillas, en oración, como un diálogo a tres.
A principios de 1552 le pide Ignacio que regrese a Roma para dar cuenta de la misión. ¿Pensaba en un relevo? Esta carta no llegó a tiempo. Por otra parte, en la distancia pero con total coincidencia de pensamientos, escribe Javier:
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Nuestro Señor nos junte en la gloria del paraíso, y también, si fuese su servicio, en esta vida presente. Esto fácilmente se puede cumplir cuando por obediencia me fuere mandado. Todos me dicen que de China se puede ir a Jerusalén. Si esto así fuere, como dicen, yo lo escribiré a vuestra santa Caridad, y las leguas que hay, y en cuánto tiempo se puede ir. De Goa, a 9 de abril de 1552. |
Se venera aún hoy en el Castillo familiar una talla de un Cristo ligeramente sonriente en la cruz. En diciembre de 1552 la familia observó un sudor como de sangre en la imagen. Cuando llegó la noticia de la muerte de Francisco en Sanchón, en gran soledad y con mil contrariedades para entrar en China notaron la coincidencia de fechas.
¿Se cumplió en Francisco aquello de Pablo: vivo, ya no yo, es Cristo quien vive en mí?
Un compañero suyo, el P. Antonio Quadros, ofrece este testimonio:
Espiándole un hermano vio que iba tan elevado que, volviendo en sí y pareciéndole que no le oirían, dijo, levantando los ojos y apretándose el pecho: Señor, no más, no más. Los que vivían con él le oían decir en sueños: ¡Oh buen Jesús, mi Señor y Creador!.