Oración diaria en Comunidad

Una  modalidad práctica y original
Miguel Atienza Ballano

CONTENIDOS DEL ARTÍCULO:

Introducción

  • De camino al monasterio
  • Consideración previa

Entorno

  • Entorno social y cultural
  • Entorno religioso

El laicado cristiano

  • Perfil del laicado cristiano
  • Laicado en comunidad cristiana

La oración hoy

  • La oración y el hecho religioso
  • Oración cristiana
  • Oración en comunidad

El Monasterio Invisible

  • La propuesta

Una comunidad en Madrid

  • En el barrio de Begoña
  • Un ejemplo completo

Conclusión

Presentación:

D. Miguel Atienza Ballano presenta en este artículo una visión general sobre la oración y el laicado de hoy día, para desembocar en una original alternativa para el desempeño gozoso de la Oración en Comunidad a Diario, a pesar de las dificultades que se narran.

El artículo está redactado desde la óptica de la sociedad española, pero probablemente pueda abrir puertas y alternativas a comunidades residentes en otros entornos.


Sobre la autoría:

Este material ha sido entregado a MISEVI por un colaborador mediante cauces electrónicos, tomándolo del informativo ECLESALIA, que lo publicó en Enero de 2003 (ver esta página) .

Gentilmente, desde el Informativo Eclesalia nos han explicado que ellos lo tomaron de "Revista de Pastoral Juvenil", Nº 397, enero de 2003, y que Miguel Atienza es un laico, casado y con hijos, que vive en Madrid y practica en su comunidad el Monasterio Invisible.

No queremos violar los derechos de autor. Si algún visitante conoce alguna manera de contactar con Miguel Atienza Ballano o quiere reclamar la retirada o corrección de este artículo, por favor póngase en contacto con el Gestor de la Web de Misevi pulsando sobre este enlace.

Gracias


Introducción

De camino al Monasterio

El hecho religioso actual, aquí y ahora, presenta una gran diversidad de aspectos que llenan de significado todas las palabras del título principal de este artículo, tanto por separado como en su conjunto.

La oración es una dedicación o actividad humana fácil de describir desde lo doctrinal, pero muy difícil desde lo vivencial, y quizá su mejor descripción esté en lo puramente testimonial.

Que esa actividad sea diaria, especialmente cuando vamos a hablar de comunidades, principalmente de laicos, conlleva mucha dedicación, mucha valoración de que aquello es realmente importante, y además ha de ser medianamente realizable, pues lo dificultoso, a la larga, termina por dejarse.

En comunidad, nos da idea de varias personas al unísono en algo, y ahí hay mucho escrito sobre nuestra sociedad actual, donde no es vendible lo colectivo, aunque casi todos hagamos lo mismo a la vez; véase nuestra forma de consumir.

A la vez rezaban y rezan en los monasterios visibles. Pero en los invisibles la cosa no está tan clara; trataremos de aclararlo.

Consideración previa

A modo de consideración previa no pasaré por alto varias cuestiones que no por obvias han de quedar en el tintero. Este escrito es fundamentalmente un punto de vista, una elaboración personal, en parte vivencia comunitaria, tanto de la actividad “oración”, como de la realidad social, cultural y religiosa en que esta vivencia se realiza. Estará, por ello impregnada de aspectos subjetivos, de esos que es difícil evitar, entre los que destaca lo que uno vive y ha vivido, conociendo unas cosas, pero desconociendo otras. Por ello huiré de hacer afirmaciones generales categóricas del estilo “esto es lo bueno”, “esto lo malo”, o “la humanidad camina hacia Sodoma y Gomorra...”  como a veces oímos a algunos responsables religiosos.

En todo caso no ahorraré esfuerzo en argumentar lo que doy por válido. Esto ya supone una opción: la de la crítica, la del análisis, la de cuestionar incluso lo más dogmático, consciente que esta apuesta no es la habitual ni la más común cuando se escribe sobre religión.

Entorno

Entorno social y cultural

Hay dos maneras de ubicar una cuestión: desde el todo a lo concreto, o se describe lo nuclear y luego se enmarca.

Tomamos el primer camino y nos hallamos a principios del siglo XXI en la España europea, ya mucho más urbana que rural, y enchufados al Internet de la sociedad globalizada y globalizadora. Esta palabra nos puede servir de eje descriptivo, ya que casi todos tenemos alguna idea de su significado, aunque muchas veces no coincide ni de una persona a otra, ni incluso en diferentes circunstancias de un mismo individuo.

Globalización nos habla del mundo entero, de diferentes sociedades humanas, culturas y religiones,  no necesaria ni completamente diferentes, y a veces con complejas relaciones. Hallamos influencia de unas sociedades en otras, “inculturaciones”, “aculturaciones”, sin faltar fuertes antagonismos y roces entre ellas. La guerra es tan vieja como el ser humano, pero también la colonización o los intercambios de conocimientos, como nos describen los arqueólogos con la expansión europea del vaso campaniforme o la orfebrería céltica en tiempos prerromanos.

A la globalización hemos llegado tras muchos vaivenes políticos y sociales del siglo XX, que en su segunda mitad desarrolla abundantes y poderosas herramientas de comunicación e información.

Sociedad de la información es un término tópico para definir nuestros días, pero cargado de realidad. Más allá del poder, las armas o el dinero, quien maneja la información controla todo lo demás. Por otro lado no necesariamente la realidad es información, o verdad publica; el número de personas pobres o muy pobres es mucho mayor al de los que vivimos el “bienestar”, pero eso no es noticia, no es información y por tanto es sólo una media verdad de nuestra sociedad. Esto tiene que ver con nuestro tema, pues si millones de personas no importan, como va a ser de interés la oración comunitaria.

Haciendo un poquito de historia, ha pasado mucho tiempo de los movimientos sociales del mayo 68, del Concilio Vaticano II, e incluso cayó hace más de 10 años el muro de Berlín y la potencia Soviética. Con ello se alejaron muchas utopías sociales, culturales e incluso religiosas en la mentalidad occidental, incluida España que ya no lleva tantos años de retraso. No fueron ajenos a los valores sociales actuales unos cuantos años de endurecimiento conservador, tanto en USA como en Gran Bretaña, llegando a hoy donde actuales políticos de izquierdas se inventan lo de la “tercera vía”, que suena más suave que socialismo.

Que tenemos más y por tanto más apegos materiales y culturales lo demuestra la creciente ola de inmigración. Antes apenas existía, y hoy su normalización representa un reto importante.

Entorno religioso

Dice un refrán:

Si no acomodas tu vivir a como piensas, terminas acomodando tu pensamiento a como vives.

Llevémoslo al terreno de lo religioso desde lo social y cultural. Ya no se quiere tanto cambiar el mundo como alcanzar en éste una buena posición. Y la fe tiene también su cometido, no faltando quienes, fieles creyentes, cumplen el precepto dominical e incluso la cuota al mantenimiento de la Iglesia, pero de ahí a un reino nuevo... Son muchas las ocasiones observadas en que la práctica católica de sacramentos es la escenificación y justificación social de la gente “bien”, de los “respetables” de nuestra sociedad, que además, curiosamente, les van bien los negocios económicos.

Uno piensa que algo falla cuando el lucro capitalista, ganar dinero cuanto más mejor, no es pecado reconocido, llegando a aceptarse la dinámica de los paraísos fiscales por parte de los responsables eclesiásticos.

Por otro lado, las iglesias no suelen estar abarrotadas, y entre los jóvenes no suele tener mucho interés lo religioso; y cuando lo tiene, al menos en apariencia, son los movimientos más tradicionales y ortodoxos los que mueven a más gente (véase procesiones, encuentros con el Papa...).

Como en lo social y cultural, ahora es minoritaria la utopía, la profecía (denuncia), los grupos menos jerarquizados, que arriesguen más y estén abiertos al diálogo ecuménico.

Hoy la Iglesia Católica alberga en su seno tradición, pero también algo de inquietud renovadora. Alberga derecho canónico pero también a quienes apuestan por un cristianismo con más sabor a pueblo, a solidaridad, a fraternidad, a la locura del Maestro de Nazaret que le llevó a la cruz por ejercer libremente su religiosidad, y anteponer a los más pobres.

Estas dos posiciones, sólo en apariencia antagónicas, describen el sentir de muchos creyentes. A ellos seguramente hay que añadir otros muchos en un amplio espacio muy influido por los medios de comunicación, el creciente agnosticismo, y la novedad, por la inmigración, de una presencia en aumento de musulmanes y otras confesiones.

El laicado cristiano

Perfil del laicado cristiano

Del mismo modo que antes se mencionaba el término globalización como cargado de actualidad y muy descriptivo para los tiempos que corren, quiero utilizar la palabra “diversidad”.

Diversidad en el sentido más usual de diferencias aparentes, o múltiples maneras de vivir la religiosidad dentro de nuestra religión católica. Podemos asistir a todo tipo de manifestaciones religiosas entre los laicos: unas más tradicionales, otras modernas, artísticas, más o menos rituales, las hay que usan nuevas técnicas como la informática, las hay que vuelven a un sobrio pasado gregoriano, otros sólo de domingo, unos más rurales, otros más urbanos, grupos de jóvenes, comunidades más o menos estructuradas, grupos de oración, ONG´s religiosas, voluntariado diverso con motivación cristiana, catequistas, monitores de grupos ...

Me interesa mucho la diversidad en el sentido en que escribía el poeta León Felipe. Afirmaba que no hay dos caminos similares para llegar a Dios. Y afortunadamente, después de unos cuantos años sin misas obligatorias en latín y con índice casi nulo de analfabetismo, cada uno, cada creyente ya puede y debe buscar ese “su” camino hacia el Creador. Ya no cabe ser creyente por decreto, ni que otro te diga en lo que tienes que creer; madurar implica responsabilidad, y hoy se observan diferentes actitudes, diferentes vivencias, ejercidas con más libertad. En este sentido me gusta más el término seglar que el de laico (del que se deriva laicado). Laico viene de lego, “indocumentado”, frente a los letrados y cultivados que habían estudiado. En cambio seglar viene de “siglo”, el mundo, la sociedad, el que vive entre la gente y es uno más, a diferencia de quien se aleja del mundo hacia la vida religiosa o clerical.

Uno de los frutos de la oración ha de ser la superación de esa supuesta ignorancia del “lego”, para saborear la riqueza del Infinito. Esa riqueza no debe estar prohibida a quienes vivimos en el “siglo”, aunque los monjes puedan aquí llegar mucho más lejos.

Laicado en comunidad cristiana

De los múltiples perfiles descritos de laicado cristiano trataremos de profundizar en quienes hacen una apuesta decidida por enmarcar su vivencia de los valores evangélicos en lo comunitario. La palabra comunidad nos sirve, pero tiene la contrapartida de una cierta ambigüedad en lo que describe, pues se habla de comunidad para realidades políticas, sociales, culturales, económicas y también religiosas. Y entre éstas existen muchas diferencias entre lo que describen las primeras cartas apostólicas en el siglo I, lo que son las comunidades religiosas tradicionales (órdenes y congregaciones), las comunidades parroquiales o diocesanas, las comunidades de oración...

A partir de la pastoral juvenil  de los años 70 y 80, así como de cierta evolución de grupos próximos a algunas congregaciones religiosas se desarrolla el siguiente tipo de comunidad.

Suelen ser grupos de personas jóvenes, que han compartido un proceso pastoral comprometido con el evangelio, pero también con el tiempo que les ha tocado vivir.

En muchos casos no hay nada escrito sobre la estructura que se da a aquello. Caminando se va haciendo el propio camino comunitario, y es el talante del grupo y su sensibilidad lo que va concretando el rumbo, el donde nos mojamos y donde no. Es frecuente su presencia en áreas urbanas, parroquias, colegios y otros proyectos de compromiso social en la calle.

El tiempo y su maduración van marcando diferencias con lo que eran órdenes terceras más comprometidas con lo tradicional, la celebración de esa mal llamada religiosidad popular (mal llamada por ser inculcada, dirigida y ritualista).

Hablamos de gente con cierto nivel cultural, con sentido crítico, incluso muy autocrítico, que asumen con interés la apuesta por que otro mudo es posible. Es gente que ve la comunidad como un espacio de participación en sociedad, que va más allá de una asociación o partido político. Se entiende que el evangelio tiene una dimensión necesariamente comunitaria, hay que compartir, y no nos sentimos satisfechos sólo con el rito dominical. En él se participa y se enriquece llevando la vivencia a la celebración; pero el espacio de lo común queda abierto al resto de la semana.

Lo anteriormente descrito es lo más común a estas comunidades; después unas se integraran más en parroquias, otras en colegios, o en pastoral, en hospitales, residencias de ancianos, barrios marginales, apoyo a misiones o diversos tipos de voluntariado que van naciendo...

Frente a formas laicales preconciliares más jerarquizadas y dirigidas, se va dando un proceso de participación igualitaria donde el sacerdote, cuando está, aparece como uno más o como animador comunitario, pero no necesariamente como su director y responsable último.

No es aquí el rito de los votos el que visualiza la estructura comunitaria, sino más bien la trayectoria que se va recorriendo. Lo anterior no quita en ciertos casos algún tipo de celebración extraordinaria de “paso a comunidad” seglar. Por definirlo de algún modo, ese momento en que se entiende que la andadura del grupo juvenil se quiere convertir en indefinida; el “hasta donde”, Dios dirá.

La oración hoy

La oración y el hecho religioso

Rezar es tan viejo como el hombre. Para algunos intelectuales lo religioso es lo que marca una clara diferencia entre personas y animales, de manera más nítida que la inteligencia, pues ésta se atribuye en alguna medida a perros, monos, delfines, caballos...

La celebración religiosa también es muy antigua, pero ya es más elaborada, pues se compone de una serie de signos y símbolos más o menos complejos, que representan la vida cotidiana y lo que se intuye del más allá.

Orar es sencillo. Hablamos de contemplación, de reflexión, de mirada profunda, calmada, que pretende ir de lo cotidiano a lo que permanece, de lo que se acaba a lo que no, de lo finito a lo trascendente.

El miedo a la muerte, esa incertidumbre sobre el otro mundo, y la esperanza de mantener vivos de alguna manera a los que murieron, parecen los principales motivos que hacen desarrollar en el ser humano su intuición sobre el más allá. Se trata de situaciones vitales que acontecen en todos los momentos, lugares y entornos culturales de la historia humana. Acontecen a todas las personas.

No podemos pasar por alto la creciente proporción de personas que afirman su indiferencia, agnosticismo, o ateismo en estos últimos siglos de ciencia y tecnología, y que aparentemente se oponen a la universalidad del sentimiento religioso en todo ser humano.

Pero las preguntas trascendentales siguen en pié, y algunas con más fuerza. El hombre apenas ha cambiado desde que tenemos noticias históricas. El concepto de religión se va transformando con el tiempo, como hecho cultural que es. Pero lo que causa este hecho religioso, lo que podemos llamar religiosidad: inquietud por lo que somos y nuestro destino, hemos de ligarlo íntimamente a la naturaleza humana.

Oración cristiana

La principal forma de oración que ha llegado a nosotros, por entorno cultural y religioso es la oración cristiana. Ésta hunde sus raíces en lo más profundo del judaísmo, si bien, con los siglos toma formas grecolatinas y medievales que le hacen ganar en ritualismo y perder en profundidad personal. La lírica de los salmos era muy sentida por el pueblo judío, pero traducida y trasladada a la Europa de la “Cristiandad” se queda sin contexto, y muchas veces sin sentido, principalmente por esa manía occidental de interpretar todo al pie de la letra, sin apenas capacidad para la evocación, o la sugerencia.

Los primeros siglos de cristianismo apenas diferencian celebración y oración. Ésta era muy importante, si atendemos lo descrito en el Nuevo Testamento. San Pablo con sus comunidades, apenas distinguía una misa de una oración. Celebrar los dones que nos da el Creador era tan importante para ellos como experimentar profundamente ese regalo de la vida y sentirlo en común, afianzando su vínculo fraterno.

Con el tiempo el cristianismo se hace oficial y los poderosos consiguen usarlo como herramienta de poder. Será la nueva religión que de cohesión a los dos o tres últimos siglos del Imperio Romano, y bendecirá las formas de gobierno feudales, medievales, y absolutistas. Todo esto mermará la práctica de la oración libre y fraterna entre la mayoría de los creyentes.

A mitad del pasado siglo el catolicismo occidental apenas promovía otro tipo de oración que rezar el rosario.

Afortunadamente los tiempos han cambiado, y se entiende que para mejor, tanto en cuanto más personas rezan como sienten, reviviendo en muchos espacios ese sentir libre y fraterno de las primeras comunidades cristianas. El Concilio trajo algo de aire fresco y un poco de ecumenismo, el cual nos enseñó que en otros sitios tienen cosas interesantes que nos podrían venir bien

Oración en comunidad

El nacimiento y desarrollo de las comunidades cristianas (católicas) descritas anteriormente, coincidiendo con la apertura postconciliar, les hace integrar la vivencia libre de la oración en su día a día comunitario y personal. No se reniega de formas propias de otras épocas de dogmatismo religioso. Se toma lo que interesa, lo que responde a la realidad que se vive, lo que ayude a hacer mas honda, mas sincera y mejor compartida la oración comunitaria. Y junto a algunas formas heredadas se experimentan otras, principalmente las que vienen de la amplísima y antiquísima experiencia religiosa oriental por parte del budismo, hinduismo y taoísmo.

Junto a textos bíblicos se reflexiona y reza con textos y cantos de otras religiones o culturas, buscando lo que hay de universal en esas formas para llegar al yo profundo y al nosotros comunitario.

La oración en estas comunidades se trata de armonizar tanto en el qué como en el cómo de lo que se vive cotidianamente, intentando romper esa peligrosa dualidad de fe y vida, cada una por su lado, de la religiosidad popular o tradicional. No es fácil, no está de moda, y hay que cargarse de argumentos y de profundas convicciones evangélicas para discrepar de lo criticado, tanto entre lo más oficial como entre lo más profano y antirreligioso.

No está de moda ser creyente, y no está de moda mantener serios vínculos comunitarios entre los seglares. Esto a veces puede provocar un peligroso efecto “gueto” o de ocultamiento de estas vivencias, útiles para enriquecer la religión oficial, tantas veces acusada de caduca y anacrónica.

El esfuerzo por la identidad cristiana y comunitaria desgasta y la oración comunitaria se convierte en fuente de motivación, estímulo, ilusión, recursos y valores. Con ello se afrontan las dificultades, que pueden venir tanto de ámbitos sociales o laborales como también religiosos o familiares, por lo que supone de diferente y crítico apostar por la coherencia y no por el bienestar-dinero unido a lo bien visto socialmente.

Reunirse cada semana para hacer oración. El final de la semana, y un poco más de calma académica o laboral. Saludarse y sentarse en el suelo con luz tenue, unas velas y fondo musical tranquilizador. Unos textos de Tony de Mello, de alguno de los profetas, salmos... y silencio; se siente la compañía en la interiorización. Estoy en mí, en mi yo profundo, y a la vez siento el nosotros, rompo mis dudas subjetivas gracias a quienes me acompañan, pues viven algo parecido a mí. Decimos algo. Compartimos inquietudes y esperanzas. Y concluimos con alguna oración o canto que tiene que ver con nosotros.

Este es un ejemplo de oración comunitaria más o menos común, donde se concreta el marco de valores sociales y religiosos descrito anteriormente. En ello cobra especial relevancia la palabra encuentro. Encuentro con el Creador y con los hermanos; con lo cotidiano y lo trascendente; con lo que me pasa a mí y lo que les pasa a los demás, el silencio, la contemplación, mi esperanza y la tuya.

Pero siendo realistas esto no es fácil de mantener. Muchas comunidades que conozco y que llevan ya unos años pasan por tener responsabilidades familiares, niños, etc, y el tiempo se encoge y se encoge. Y no nos olvidemos de nuestro marco social, donde el tiempo de trabajo también es muy absorbente, y la frecuente ubicación urbana, donde para ir a poca distancia pierdes al menos media hora. Resultado: “esta semana no puedo, y la que viene ya veremos”.

Algo habrá que hacer para, al menos, no perder lo aprendido, no olvidarnos de lo madurado juntos, de lo que enriquece tu compañía y tu punto de vista, aunque a veces sea contrario al mío.

El Monasterio Invisible

La propuesta

El Monasterio Invisible se presenta como una posible alternativa, al menos parcial, a la oración comunitaria semanal cuando ésta se hace inviable por tiempo, distancia, trabajo, disparidad de horarios...

Se puede entender como una propuesta de oración cristiana sin presencia física de quienes me acompañan en esa inquietud contemplativa. Se parece algo a la “liturgia de las horas” que desde hace siglos se hace por parte de los religiosos, como forma de oración universal de la Iglesia.

El Monasterio Invisible es más modesto. Aunque se sienten los valores cristianos como universales, se enfoca habitualmente la forma y objeto del vivir de la comunidad, al estilo descrito para la oración semanal.

Origen

Cayendo en el tópico de las prisas de la moderna sociedad urbana, algo se ha de hacer para seguir sintiéndonos unidos en la oración.

Objetivo

Se trata de superar esas dificultades cotidianas compatibilizando responsabilidades y manteniendo un nexo muy especial.

Fuentes

Las lecturas y motivos de oración pueden ser muy diversos; tantos como situaciones y sensaciones que en ese momento sean compartidas en comunidad. Se usan textos de cualquiera de los numerosos libros que componen la Biblia, especialmente de los Evangelios, Cartas apostólicas, Salmos, Profetas, Apocalipsis; textos más modernos de Tony de Mello, Crishnamurti, Valdés, cartas de algún conocido en África o Latinoamérica; oración de contemplación con iconos, con melodías de Taizé, de Luis Alfredo, de la hermana Glenda, con melodías clásicas o tipo “godspel”, poemas de Santa Teresa o San Juan de la Cruz, dibujoss de Jose Luis Cortés...

Destinatarios

Normalmente los que lo hacen y lo reciben suelen ser los miembros de la comunidad, que son las personas que comparten lo que a veces son inquietudes muy concretas. En ocasiones, esta actividad se comparte con otras personas cercanas a la comunidad, como antiguos miembros o interesados en orar.

Realización

Cada miembro de la comunidad prepara oraciones sencillas para cada día de una o dos semanas. El día de encuentro comunitario se comparte lo preparado para ese día y se reparten fotocopias para los siguientes. En éstos, cuando cada uno en su casa dedique un ratito a la oración, sabrá que es muy probable que otros estén compartiendo esa actividad. Las modernas técnicas de comunicación electrónica permiten enviar el monasterio vía e-mail.

Estructura y extensión

Un par de páginas es suficiente para contener pequeños textos de reflexión o mensajes de oración para una o dos semanas, colocando fecha y día de la semana seguido de lo que se propone para cada día.

Peculiaridades

Personalizar es una palabra muy utilizada en la actual informática para estructurar o dar forma a aquello que se está haciendo. Las oraciones comunitarias también se personalizan aludiendo a cumpleaños, a periodos o aniversarios de la comunidad, periodos litúrgicos, vivencias concretas, problemas o necesidades personales, buenos o malos momentos de alguien...

Una comunidad en Madrid

En el barrio de Begoña 

En Madrid, en el barrio de Begoña, es donde se forma y toma el nombre una comunidad de seglares que tiene que ver son lo descrito sobre Monasterio Invisible. Sirva este escrito como testimonio comunitario y de quien escribe (vinculado desde hace más de 13 años a esta comunidad).

Se trata de un grupo de jóvenes de los años 80, muy activo en campañas contra el hambre, contra el paro y contra lo que se pusiera por delante; y a favor de hacer cosas por motivar contra la pereza o la indiferencia de un mundo insolidario. Animadores de la misa de las 12, de la pastoral juvenil, y de cuantas fiestas y salidas fuera preciso.

Y en tanta actividad no debía faltar el rincón para el sosiego; un pequeño cuartito que nos dejaron en el colegio-parroquia Nuestra Señora de Begoña. Decorado son sencillez y los cortinajes que sobraban al salón de actos fue espacio para el encuentro, y semilla de una maduración personal y grupal que aun hoy perdura en la mente y los corazones de algo más de doce personas que siguen aspirando a un mundo mejor.

Cuando la mayoría llega a los treinta y algunos, el tiempo disponible es menor y Mathías, un integrante temporal (dos años), y hombre de oración donde los haya, nos propone iniciar este tipo de oración. Fue hace unos 10 años, momento en que la persona mencionada regresaba a su país, Suiza, desde donde iba a recibir nuestro monasterio invisible.

También otras personas, cercanas en lo afectivo, han querido compartir a cierta distancia durante algún tiempo este vinculo de contemplación.

Siguiendo nuestro turno, lo preparamos para dos semanas, y resulta significativo como cada uno tenemos nuestro propio estilo. Es, por tanto, una forma de expresión, de comunicación, y de conocernos, que de otro modo no se daría, pues al prepararlo todos, no hablan sólo los más charlatanes como suele ocurrir casi siempre.

En nuestro ánimo está el tener este ratito cada día, por la noche, cuando queda poco para ir a descansar y la mayoría de la sociedad se emboba con la caja idem. Y aunque es cierto que no somos tan fieles cumplidores de nuestro monasterio como los monjes visibles, esta actividad tiene un profundo significado para nosotros, nuestras inquietudes, y nuestra propia identidad como creyentes y como comunidad de seglares.

Un ejemplo completo

Veamos un ejemplo de monasterio invisible de esta comunidad compartido durante algunos días del pasado mes de mayo:


Monasterio Invisible
Domingo 12 - Sábado 25  de  Mayo  de 2002

Varias cosas me hacen pensar hoy en la Creación. El ciclo anual de la naturaleza, que en forma de primavera, con toda su vistosidad se manifiesta estas últimas semanas en nuestros campos. El tiempo cambiante (muy variable, con días de calor, de frío, lluvia o viento). Y de manera muy especial el milagro de la vida humana, con toda su grandeza y toda su debilidad en dos mujeres muy queridas de nuestra comunidad

La Creación me parece anterior a cualquier enfoque religioso; nos demuestra la estupidez de las guerras de religión, que desde hace mucho miles de años hasta hoy el hombre no ha dejado de practicar. Cuando todas las personas tomemos conciencia de ser criaturas del mismo Hacedor, habremos dado un gran paso adelante, no sólo en evitar guerras de religión, sino también en la vivencia de una religiosidad, con menos condicionantes culturales, más verdadera, más cargada de esperanza, de alegría y de solidaridad.
 

Domingo 12

(felicidades Paula)
Dedicamos hoy de manera muy especial nuestra oración a Paula, Marga, Miguel... Compartimos con alegría este cumpleaños, que es celebrar la vida de Paula y el cariño de estos padres, y nos unimos de corazón a esta espera ilusionada, que también es un trocito de Creación.
 

Lunes 13

Dijo Dios: Que exista la luz. Y la luz existió
Valoremos nuestros ojos, los ojos de la cara y los ojos de la inteligencia. Nos hizo capaces de tomar conciencia de nosotros mismos, de dejar atrás el caos, la desesperanza.
 

Martes 14 

Vio Dios que la luz era buena
¡Que poco nos han enseñado a conocer y disfrutar de tantos matices y colores con que cuenta nuestro país a lo largo del día y en su ciclo anual; cuanta riqueza cercana ignoramos!
 

Miércoles 15

Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.”
Hay una pequeña rapaz diurna, el cernícalo (que con lo bonita que es no entiendo que se use como insulto), que tiene por costumbre aletear fija en el cielo. El autor del génesis usa esta imagen natural para hablarnos de la presencia del creador, que se cierne sobre las aguas del caos aparente de nuestro mundo.
 

Jueves 16

... y a la oscuridad la llamó noche. Y atardeció y amaneció: día primero
No pasemos por alto que la noche es un elemento presente en nuestra existencia; con esa realidad de incertidumbre tenemos que aprender a convivir. Y no olvidar que tras atardecer, amaneció.
 

Viernes 17

Y llamó Dios a la bóveda cielo
La contemplación del cielo ha suscitado en el ser humano la idea del infinito y de Dios...
 

Sábado 18

Y llamó Dios a los continentes tierra y a la masa de las aguas la llamó mar
... y añadió con ello diversidad a nuestro espacio vital,  permitiéndonos entre otras cosas variar nuestras vacaciones entre el mar y la montaña.
 

Domingo 19

Verdee la tierra hierba verde...
Aunque en alguna ocasión sea difícil de pronunciar, el color verde es trascendental para la vida. Sin los vegetales, sin la clorofila de los vegetales, ¿qué comeríamos?
Nuestro existir en esta tierra es una rueda en el engranaje de la creación, a pesar de nuestro impacto contra ella.
 

Lunes 20

La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie
Ni el más complejo de los mecanismos imaginados por el ser humano se aproxima a la complejidad y perfección de una sola célula, ni a la diversidad de los varios millones de especies vivas actuales.
 

Martes 21

E hizo Dios las dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche y las estrellas
Algunos gustamos de conocer y contemplar los astros, y su inmensidad en el tiempo y el espacio aviva en nosotros el íntimo afán humano de trascendencia.
 

Miércoles 22

... y vuelen pájaros sobre la tierra frente a la bóveda del cielo
De niños hemos soñado con volar como las aves; de mayores representamos la paz con una paloma y la libertad con gaviotas volando frente a un acantilado.
Que no nos falte nunca esa valiosa sed de paz y libertad que el creador nos imprimió.
 

Jueves 23

E hizo Dios las fieras de la tierra según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles del suelo según sus especies. Y vio Dios que era bueno
El hombre y las demás especies hemos salido de las mismas manos, del mismo creador; el indio de Seattle nos llamaba hermanos, y Darwin describe como procedemos de otras especies de animales. Pero nos empeñamos en acabar con todo lo demás, como el hermano egoísta que se quiere quedar con toda la herencia. La sensibilidad ambiental aun es muy falsa y superficial.
 

Viernes 24

Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó
Pero luego vinieron los jefes religiosos y guerreros y distorsionaron esa imagen, de modo que hicieron sus dioses a su propia imagen, para que les sirvieran de excusa para la guerra y manejar el poder. Y por supuesto se olvidaron que el mismo creador hizo al hombre y a la mujer. Y así seguimos.
 

Sábado 25

...y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera
Pero el hombre moderno no puede cesar ni un solo instante, tiene que seguir ganando dinero para consumir.
Que no nos falten momentos de descanso y de fiesta compartida; de contemplación de tanto como el Creador ha puesto en nuestra mano. Cuando empezamos a tomar conciencia de ello empieza la Bienaventuranza. 
 


Conclusión

A modo de conclusión, agradeciendo al lector haber llegado hasta aquí, y sin afán de caer en repetición de lo ya expuesto, termino proponiendo:

Hagamos una apuesta en una doble visión del mensaje universal de Jesús de Nazaret, a la vez vieja y nueva:

 

Miguel Atienza Ballano